Vero y Prisco eran dos gladiadores romanos de la época final del siglo I, y un combate entre ambos ha pasado a la historia de manera clara, ya que estamos hablando de él veinte siglos después. Este evento tuvo lugar en la apertura de los juegos celebrados por el emperador Tito para celebrar la inauguración del Anfiteatro Flavio, conocido también como el Coliseo. El combate está narrado en un poema de Marco Valerio Marcial y este cuenta cómo la lucha se mantuvo igualada durante un buen rato. Era obligatorio, según las normas, que aquel combate finalizara con un vencedor y un vencido, y que este último tuviera que aguardar el perdón del público o su condena. En un momento de descanso del combate, sin claro vencedor, el emperador mismo les envió alimentos para que se repusieran y algún regalo para animarles a luchar con valor.
Sin embargo, el combate no llegaba a decantarse de un lado u otro. Entonces, el emperador Tito, magnánimo, envío a cada uno una palma, señal de la victoria y por lo tanto declaró a ambos vencedores del combate. Gracias a haber luchado con valor y decisión, el emperador también les otorgó a ambos la espada de madera, que simbolizaba el retiro del oficio de gladiador, la libertad. Sin duda debió ser un combate épico.
Fuente: Historia National Geographic #99 y Gladiadores, mito y realidad, de Fernando Lillo Redonet (editorial Evohé)

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4 comentarios:
¡Qué historia! Si no se hubiera hecho ya "Gladiator" ahí hay el argumento para una película :)
Saludos,
http://javicrespo.blogspot.com/
Javier, quién sabe, igual la hacen algún día, o salen en alguna.
Saludos.
Coincidencia que ahora esté leyendo un libro en el que se narra este hecho y que recomiendo a todo el mundo. Se trata del primer volumen de la nueva trilogía sobre el emperador Trajano, de Santiago Posteguillo, y narra la vida de los emperadores romanos desde la muerte de Nerón a la proclamación de Trajano. Se titula "Los asesinos del Emperador" y lo recomiendo a todo el mundo
Alfredo, gracias por el comentario y por la recomendación. Yo también suelo recomendar los libros de Posteguillo.
Saludos.
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