
Hace unos días me hicieron llegar un libro sobre la Expedición Malaspina (muchas gracias a Paula, de shackleton, por su amabilidad), de la que les contaré algo en esta curistoria, pero antes permítanme recomendarles el libro en cuestión. El autor del mismo es el doctor Andrés Galera Gómez, investigador y profesor universitario con un curriculum envidiable. No sólo el tema es interesante, como veremos en un momento, sino que la edición, a cargo de la Fundación BBVA, es una auténtica maravilla. Las páginas están llenas de magníficos dibujos sobre la expedición y sobre los descubrimientos que se hicieron, realizados por los pintores que formaron parte del viaje.
Los científicos de la expedición, ya hemos comentado que también había pintores, cartografiaron territorios, estudiaron la fauna y la flora y exploraron el mar. Cuando Malaspina volvió a España fue acusado de conspiración y encarcelado. Todos los tesoros científicos de aquel viaje fueron casi olvidados hasta hace algunas décadas. La situación había cambiado en España y esto influyó en el propio viaje y en la acogida de Malaspina.
Como vemos, aquel viaje tenía un componente científico importante y su misión última era visitar todas las posesiones españolas de América y Asia, conociendo en profundidad todos estos territorios. De aquel viaje de cinco años llegaron a España especies botánicas, minerales, datos científicos, estudios, dibujos, cartas náuticas nuevas… toda una maravilla científica. Sin duda, la mayor colección de información conseguida por España en una única expedición.
Y parte de todo esto se recoge ahora en este libro, con un espíritu divulgativo notable y con una edición, insisto, muy cuidada. Una magnífica oportunidad de descubrir aquella expedición científico-política.
Por cierto, está en marcha una segunda Expedición Malaspina, homenaje a aquella primera, que tiene también un importante componente científico.

Durante la Guerra de Independencia, allá por 1812, Cádiz sufrió un asedio por parte de los ejércitos napoleónicos. Andaba entonces en pleno proceso de creación la constitución, la famosa Pepa, por parte de las Cortes.
La imagen superior corresponde a la torre de Londres, cuyo nombre oficial es Palacio Real y Fortaleza de su Majestad. Es un castillo situado junto al río Támesis, en Londres, claro. Data de comienzos del siglo XI y ha sido una de las prisiones más temibles y famosas de la historia, aunque no era esta su dedicación principal.
Cuando Francisco Javier Girón y Ezpeleta de la Casas y Enrille, II duque de Ahumada, se hizo cargo de la creación de la Guardia Civil, expuso que precisamente este cuerpo, por su cometido, debía ser creado seleccionando con cuidado a sus integrantes. Para ello, propuso subir el importe de las pagas y establecer un proceso de incorporación de personal progresivo, sin prisas. Según sus propias palabras, “servirán más y ofrecerán más garantías de orden cinco mil hombres buenos que quince mil, no malos, sino medianos que fueran”.
Hace unas semanas acudí a ver una espectacular exposición de grabados en Salamanca, que entre otras muchas joyas, tenía una obra que me llamó la atención. No era la mejor ni la más atrayente, pero tiene su maestría técnicas y artística detrás.
Leía esta mañana en el diario El Mundo una entrevista a Fernando Savater en la que este hacía referencia a una situación curiosa que había ocurrido en el Gran National. Tomé nota mental del comentario y después de investigar y leer un poco, vamos a hacer un repaso del Gran National.
Don Jacinto Benavente y Martínez fue un escritor y dramaturgo madrileño nacido en el año 1866, relacionado también con el mundo del cine. Se llevó el Premio Nobel de Literatura en 1922 y no sólo por ello sus dotes literarias parecen indudables. El conocimiento que tenía del castellano era también digno de elogio.
La orden de los caballeros de San Juan (Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta), más conocida como la Orden de Malta, es una de las órdenes religiosas más famosas de todos los tiempos. Posiblemente la segunda más conocida después de los templarios. Fue fundada en el siglo XI dentro del marco de las cruzadas. Actualmente la orden sigue viva y su sede está en Roma.
Durante los últimos siglos han sido dos los himnos nacionales que ha tenido España, el actual y el himno de Riego.
El nombre de Edward F. Cantasano seguramente no les diga nada. Ni tampoco el de Mario Cantasano, como también se le conoce, por error. Este tipo conducía por Nueva York en diciembre de 1931 cuando un hombre se puso a atravesar la calzada delante de su coche, siendo atropellado.
Con la incipiente, o ya no tan incipiente, piratería literaria, se suele comentar que mientras un autor musical puede sortear con mayor o menor éxito la piratería dando conciertos, los escritores lo tienen más complicado ya que no suelen dar recitales. Al menos, no en la actualidad. Pero veamos lo que hacía Dickens allá por el siglo XIX.
El otro día escuché un dato en la radio, en Onda Cero en concreto, que desconocía y que me pareció interesante para compartirlo con ustedes. Supongo que todos conocerán El Cossío, compendio y obra enciclopédica sobre los toros, el toreo, la tauromaquia, la fiesta nacional, el arte de Cuchares, la lidia… todo cabe allí. El nombre real, El Cossío es un apodo, por decirlo de algún modo, es “Los toros. Tratado técnico e histórico”. Dicho apodo se lo debe a José María de Cossío, el director de la obra, que se publicó por primera vez en 1943, aunque no deja de tener gracias que hable de “cosos”, taurinos, y de cosas como los antitaurinos, que todo tiene cabida.
Franz Liszt, nacido en 1811, es uno de los más reconocidos y reputados músicos de la historia. Se hizo famoso por toda Europa gracias a su virtuosismo con el piano y posiblemente fue el más capaz pianista de su época y uno de los mejores de todos los tiempos. También fue un importante compositor, un profesor con dotes y un buen director de orquesta.
En el siglo XIX comenzaron a ponerse de moda y a ser una atracción los calculistas, es decir, personas que únicamente con su cabeza realizaban cálculos totalmente imposibles y astronómicos para el resto de mortales. Los teatros de medio mundo eran lugar de representaciones matemáticas, quién lo diría a día de hoy, y el público acudía en masa a ver a estos hombres.
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