Son muchos los casos de grandes músicos o escritores que fueron rechazados, en sus comienzos, o incluso científicos que hoy son estudiados y fueron calificados como estudiantes torpes. En esta situación se vio Rudyard Kipling, el famoso y gran escritor, que hoy es considerado todo un clásico.Trabajaba como reportero para el periódico San Francisco Examiner cuando fue despedido. Podría ser causa suficiente para considerar aquello un error, despedir a un tipo como Kipling, con lo que sabemos hoy de él. Pero al ver la nota de despido la cuestión adquiere un nuevo nivel: “Lo siento, Sr. Kipling, pero sencillamente usted no sabe cómo utilizar el inglés. Esto no es una guardería para escritores aficionados”.
Bien puede ser que por aquel entonces Kipling no fuera un buen escritor, aún, o quizás que no sirviera para la redacción periodística.
Conocerán al dicho que titula esta entrada y que viene a significar que algo escrito, dicho o, sencillamente, planeado no tiene porque luego poder llevarse a la realidad con éxito. Vamos, que todo es más fácil de contar o escribir que de hacer.
Hace unos días, un lector de blog, Ahskar Feamoramarth según su dirección de correo electrónico, me envió la curistoria que paso a compartir hoy. El origen de la misma, es decir, el libro en el que la había leído Ahskar es la obra “Casadas, monjas, rameras y brujas” de Manuel Fernández Álvarez, gran historiador lamentablemente fallecido hace unos días. Sirva también esta curistoria como sincero homenaje a Fernández Álvarez por su trabajo. Por supuesto, muchísimas gracias a Ashkar por enviarme la historia, como digo siempre, todo un lujo contar con lectores así.
En estos días que tanto se ha habla de volcanes, vamos a narrar una curistoria en torno a los mismos. En concreto, el sorprendente caso de Havivra Da Ifrile y otros dos hombres. Todo comenzó cuando la ciudad de St. Pierre, en la isla de la Martinica, fue arrasada por el volcán Monte Pelée. Corría el año 1902 y aquella erupción se llevó la vida de 30.000 personas. Parece que de la población de St. Pierre solo se salvaron tres personas: Havivra Da Ifrile, una niña; Louis-Auguste Cyparis, un asesino convicto; y Léon Compere-Léandre, un zapatero. Les contaré la historia de la niña.
El rey Maximiliano de Austria, que tuvo en rimbombante título de emperador romano germánico desde 1493, tuvo una de esas muertes que lamentablemente no están a la altura de su protagonista. Al parecer, la afición por la fruta de este rey lo llevó a la tumba. En 1519 una indigestión provocada por unos melones acabó con la vida del emperador. Pero lo más curioso de su muerte no es haber muerto por una cuestión tan mundana.
Los caminos para conseguir los objetivos que uno tiene son a menudo complicados y duros, pero la creatividad puede allanarlos. La curistoria de hoy va en esa línea. Me parece un modo muy creativo, aunque también bastante absurdo y casi hasta inalcanzable, de conseguir el objetivo de muchos irlandeses: la independencia.
Recuerdo los tiempos, hace ya un buen número de años, cuando este que escribe se levantaba de madrugada a ver los partidos de baloncesto de la NBA que televisaban. Retransmitidos por Ramón Trecet, fueron años gloriosos en los que Magic Johnson, Larry Bird, Jordan (en su primera etapa), Thomas… nos hacían pasar buenas noches. Recuerdo bien a un buen número de jugadores, pero me quedaré en Boston. En los Boston Celtics de Larry Bird (el blanco que encestaba sin saltar), Robert Parish (el doble cero) y Kevin McHale (el tipo que se tragó una percha). Realmente, en el campo de los Celtics: The Boston Garden.
Hace un tiempo, en una visita a la Sala Histórica de la Guardia Real, nos comentaron el pequeño detalle que hoy voy a escribirles. Me parece un día muy apropiado para hacerlo ya que trata del traje típico o tradicional del ejército de Grecia, país tan presente en los medios actualmente por su crítica situación económica.

Aunque es mundialmente famoso por su obra Alicia en el país de las maravillas, que vuelve a estar de actualidad gracias a la versión personalísima de Tim Burton, Lewis Carroll fue además matemático, entre otras cosas. Por cierto, su nombre real era Charles Lutwidge Dodgon.
Hoy, a través de un par de detalles sobre Hermann Goering que he leído en la revista “La aventura de la historia”, vamos a ver un caso perfectamente aplicable al mundo empresarial. Según se comenta en la revista, una vez le preguntaron a Goering, a la sazón responsable de la Luftwaffe, por qué esta no disponía de bombarderos pesados. La contestación fue: “
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