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jueves, 23 de mayo de 2013

De cuando el F.C. Barcelona no quiso a Di Stéfano

(jueves, 23 de mayo de 2013)
Alfredo Di Stéfano en el Real Madrid
Alfredo Di Stéfano en el Real Madrid
Corría el año 1953 cuando el Real Madrid y F.C. Barcelona comenzaron a luchar por contratar para sus respectivos equipos a la estrella argentina Alfredo Di Stéfano, que entonces jugaba en el Millonarios de Colombia. Había llegado a este equipo después de militar en el River Plate de Argentina, equipo que había abandonado por una huelga del fútbol en ese país.

Los dos equipos españoles se hicieron con los derechos de contratación del jugador, dando lugar a una situación extraña que acabó con una solución salomónica. El Madrid negoció en el verano de 1953 el traspaso con el club de Bogotá, el Millonarios, en el que jugaba en aquel momento. Pero no estaba claro quién tenía realmente los derechos sobre Di Stéfano, debido a la forma extraña en la que había abandonado River Plate, por lo que estos también negociaron su traspaso, en este caso con el Barcelona. En julio el Madrid había dicho que el jugador era suyo y un mes después el Barcelona comunicó que había acordado con River que Di Stéfano jugaría en sus filas. Como vemos, un jaleo de derechos y firmas.

Entonces entró la Federación Española de Fútbol en el tema para decidir salomónicamente. Se determinó que Di Stéfano comenzaría jugando en el Madrid pero que al año siguiente jugaría en el Barcelona, para volver al Madrid un año más y acabar el ciclo de cuatro temporadas en el Barcelona. Increíble decisión, casi impensable a día de hoy, pero que finalmente no se llevó a cabo, como veremos.

El Barcelona no estaba de acuerdo con aquella decisión y con tener que compartir al jugador, por lo que renunció a todos los derechos sobre el mismo y una vez que el Madrid le pagó el dinero que había adelante el Barcelona a River, todo se puso en orden y comenzó la carrera de Di Stéfano en el Real Madrid, club del que ha sido emblema y en el que ostenta el cargo de Presidente de Honor.

Como ven, Di Stéfano pudo haber sido como Figo, Luis Enrique y fue el Barcelona el que no quiso a Di Stéfano por no compartirlo. Estaría bien saber qué hubiera pasado de haber jugado alternativamente en ambos clubes.

Fuente: La España de la posguerra, de Fernando Vizcaíno Casas.

El descubrimiento de Plutón

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Clyde Tombaugh
Clyde Tombaugh
En 1928, Clyde Tombaugh, un hombre nacido en 1906, vivía en Kansas trabajando en una granja junto a su padre. Su afición por las estrellas y el cielo nocturno le llevaron a construirse artesanalmente un telescopio tomando piezas de aquí y allá, entre otras, piezas del viejo coche de su padre. Lo que veía en el cielo con aquel instrumento lo plasmaba en el papel a través de dibujos. Un día decidió enviar aquellos dibujos al observatorio Lowell de Arizona, y a pesar de no tener más que estudios básicos, recibió una oferta de trabajo.

El fundador del observatorio, Percival Lowell, había invertido años buscando un planeta, al que denominaban planeta X, que en su opinión afectaba a la órbita de Neptuno pero que no había podido ser contemplado aún. A la búsqueda de aquel planeta X pusieron a nuestro hombre cuando aceptó la oferta de trabajo. El fundador del observatorio había muerto en 1916 sin conseguir su objetivo, pero gracias a sus fondos la búsqueda seguía viva, ahora en manos de Tombaugh.

No todos los astrónomos eran optimistas, muchos pensaban que si existiera ese planeta X ya habría sido descubierto en aquel 1928 y que por lo tanto todos los esfuerzos en su búsqueda eran en vano. La labor diaria de Tombaugh consistía en tomar fotos del cielo cuadrante a cuadrante y comparar fotos y fotos para buscar algún cambio en el espacio que denotara la existencia del planeta. Miles de fotos, todas parecidas, con cientos de puntos. Un trabajo tedioso, sin duda.

Pero cuando uno es tenaz, a veces, obtiene su recompensa. Así, el 18 de febrero de 1930 Tombaugh detectó un pequeño cambio entre dos fotos, una pequeña mancha que era como una peca en la cara del espacio. En aquel momento nuestro hombre se convirtió en el primer americano en descubrir un planeta: Plutón.

El nombre no fue impuesto en el momento, sino que se hizo una petición popular y miles de cartas llegaron de todas las partes del mundo. Finalmente, la sugerencia de una chica de once años de Oxford, Inglaterra, llamada Venetia Burney, de denominar Plutón al nuevo planeta en honor al dios romano del inframundo fue aceptada. Que las iniciales de Percival Lowel coincidieron con el comienzo del nombre propuesto fue un punto a favor para seleccionar Plutón.

Fuente: The greatest stories never told, de Rich Beyer.

martes, 21 de mayo de 2013

Un Hitler en el ejército de Estados Unidos

(martes, 21 de mayo de 2013)
William Patrick Hitler
William Patrick Hitler
William Patrick Hitler fue un sobrino del líder nazi Adolf Hitler, hijo de su hermanastro Alois. Ese sobrino, después de coquetear con al Führer cuando el nazismo se hizo con el poder en Alemania, emigró y, de hecho, se puso en contra de su tío, aunque más bien para aprovechar el tirón mediático que por otra cuestión. Después de algunas entrevistas para medios ingleses en las que hablaba de Adolf Hitler abiertamente, comenzó a tener problemas, a pesar de que no había dicho nada en contra de él. Así, acabó en Estados Unidos en marzo de 1939, cuando aún no había comenzado la Segunda Guerra Mundial.

Aprovechó el parentesco para hacerse publicidad y atacó, ya abiertamente, las políticas de Adolf Hitler en Alemania. Impartió conferencias hablando de la situación en Alemania y de su tío, con gran afluencia de público, y publicó artículos al respecto. Cuando la guerra ya avanzaba por Europa, el tirón mediático del sobrino de Hitler comenzó a perder fuelle y entonces hubo de dar un golpe de efecto: se alistó en la marina de Estados Unidos.

Se inscribió en Nueva York y fue declarado apto físicamente para el servicio. Quería luchar, según él mismo decía, contra su tío. En el formulario de ingreso al ejército, había una pregunta en la que se preguntaba al solicitante sobre la existencia de miembros de su familia en las fuerzas armadas de unos determinados países y William Patrick indicó que su tío era Adolf Hitler. Aquello hizo que se le denegara el acceso al ejército de Estados Unidos, pero no se rindió y escribió una carta al presidente. Este ordenó al FBI que le investigaran a fondo y cuando no se encontraron pruebas en contra fue aceptado, por fin, en la marina. Así, podemos decir que en 1944 había un Hitler en cada bando de la Segunda Guerra Mundial.

Después de todo aquello y de una aparición en la televisión, el sobrino de Hitler se incorporó a filas y acabó trabajando en territorio de Estados Unidos como técnico de laboratorio de un departamento de sanidad, lejos de Europa y de la lucha directa contra el nazismo.

Al finalizar la guerra, aquel que había buscado popularidad y notoriedad, se ocultó, quizás temiendo alguna represalia por su apellido, que incluso borró de su nombre, pasándose a llamar Patrick Alexander Stuart-Houston.

Fuente: Secretos del Tercer Reich, de Guido Knopp
Fuente imagen: Películas del holocausto judío

lunes, 20 de mayo de 2013

El Ku Klux Klan, el Imperio Invisible

(lunes, 20 de mayo de 2013)
Cartel de El nacimiento de una nación
Cartel de El nacimiento de una nación
El origen del Ku Klux Klan se remonta a diciembre de 1865, cuando seis veteranos confederados de la Guerra Civil Americana fundaron algo así como un club social, con un objetivo más lúdico que cualquier otro. No entraré en cómo ese objetivo fue degenerando y en cómo el KKK en su historia ha matado, robado, extorsionado… como suelen hacer las organizaciones terroristas como él.

Los fundadores tomaron una palabra en griego, “κύκλος”, que significa círculo y le añadieron clan, escrito también con k, sin mayor razón aparentemente que la estética. Lo que decidió el nombre fue el sonido de kuklos klan, transformado en ku klux klan, sencillamente porque sonaba bien. Así nació el clan del círculo, sin mayor razón de peso que su sonoridad.

A menudo el KKK ha sido conocido como el Imperio Invisible, y si bien el nombre podría haberle sido otorgado por los años en los que el klan llegó a controlar los políticos que gobernaban en muchos lugares, incluso senadores y jueces, y dominaba la sociedad sureña en algunas zonas, tal nombre es autoimpuesto.

En 1915 se publicó en Ohio el documento que debían completar y firmar todos aquellos que quisieran formar parte del klan. Tras identificar al líder del KKK al que realizaban la petición, a modo de juramento el documento decía: “Yo, el abajo firmante, un aspirante a la ciudadanía de los Caballeros del Imperio Invisible del Ku Klux Klan…

En aquella época, la película El nacimiento de una nación y algunos otros hechos llevaron al KKK a una de sus épocas más relevantes, donde entre cuatro y cinco millones de personas mostraron su deseo de ser ciudadanos del Imperio Invisible, supongo que firmando aquel documento.

domingo, 19 de mayo de 2013

Todos los españoles vestimos de torero

(domingo, 19 de mayo de 2013)
Joselito y Belmonte
Joselito y Belmonte
La Curistoria de hoy gira en torno a una leyenda, no sé si urbana o no, que todos hemos oído o comentado en alguna ocasión: en el extranjero piensan que los españoles vamos vestidos de toreros. He encontrado el origen de la misma, al menos, la persona a la que se atribuye una conversación en la que su interlocutora hizo tal afirmación.

Julián Velázquez Duro fue un aviador español que haciendo un viaje alrededor del mundo se encontró con una dama de Estados Unidos a bordo del mismo barco en el que él viajaba. La mujer le preguntó, en inglés, por supuesto, sobre su procedencia y nuestro hombre, que hablaba cuatro idiomas, le contestó que era español. Después tuvo lugar el siguiente dialogo:
–Se habrá tenido usted que hacer toda la ropa para este viaje –dijo la dama.
–No me ha hecho falta, afortunadamente tengo un vestuario bastante decente
–¡Ah! Yo creía que todos los españoles vestían de torero.
–La que habrá tenido que ir a la modista habrá sido usted.
–¿Por qué?
–Porque tengo entendido que los americanos no llevan más ropas que una plumas en la cabeza.

Supongo que aún quedarán personas por el mundo que piensan que todos los españoles vestimos traje de luces o que todos los venecianos llevan camisetas de rayas blancas y azules. Hay miles de tópicos, y no son más que eso en muchos casos. Ahora, cuando cuenten la historia de que por ahí piensan que todos los españoles vestimos de toreros, acuérdense de citar a don Julián Velázquez Duro.

Fuente: Mis anécdotas preferidas, de Carlos Fisas.

jueves, 16 de mayo de 2013

Concurso de Play The Guru y Curistoria

(jueves, 16 de mayo de 2013)
Play The Guru
Play The Guru acaba de poner en marcha uno de sus concursos de preguntas en el que Curistoria ha colaborado. Se trata de un sencillo juego de preguntas en torno a la Edad Media y cuyo premio es una tarjeta de regalo de Amazon. Las preguntas están basadas en hechos y cuestiones que he comentado y explicado en Curistoria, así que no les será muy complicado responder con éxito a las preguntas y optar al premio.

Les animo a jugar e intentarlo, en el peor de los casos, al menos se divertirán un poco poniendo a prueba sus conocimientos. ¡Suerte!

miércoles, 15 de mayo de 2013

El periodismo y el día que mataron a JFK

(miércoles, 15 de mayo de 2013)
Gay Talese
Gay Talese
El domingo pasado publicaba el diario español El País en su dominical una entrevista a Gay Talese. Escritor y periodista, es un referente dentro del periodismo mundial por su literaria forma de escribir y de contar los hechos. Su época en The New York Times es historia del periodismo y sus artículos sobre gente como Joe Louis o Joe DiMaggio son considerados clásicos y ejemplos a seguir para todo aquel que quiera hacer ese tipo de trabajo periodístico. Por cierto, algunos de estos artículos se recogen en El silencio del héroe, un libro que acaba de publicar y motivo, supongo, de la entrevista.

Volviendo a esta, narraba en ella cómo el 22 de noviembre de 1963, cuando tenía treinta y un años, le encargaron que saliera a la calle para observar las reacciones de la gente, cómo se estaba comportando en aquella jornada, para luego, lógicamente, contarlo en el diario. Aquel día habían asesinado a John Fitzgerald Kennedy, JFK, y se esperaba que América entera estuviera conmocionada y llorara por el asesinato de su presidente.

Talese se echó a la calle y dando vueltas por la ciudad se encontró con otro grande del mundo de los diarios, Tom Wolfe. Hay que decir que ambos, Wolfe y Talese, están hoy considerados como los padres de ese nuevo periodismo al que hacía antes alusión. Pero entonces, en 1963, eran aún personajes de guerrilla, por decirlo de algún modo, dentro de los mastodónticos diarios en los que trabajaban. Después de saludarse, comentaron lo que estaban haciendo y curiosamente ambos habían recibido el mismo encargo por parte de sus jefes. Decidieron compartir un taxi y así pasar el rato juntos y ahorrar algo de dinero.

Después de cuatro o cinco horas en las que recorrieron gran parte de Nueva York, volvieron a sus redacciones. Talese le contó a su editor que no había visto nada reseñable y que iba a escribir precisamente sobre eso, sobre la falta de reacciones y de emoción por parte de la gente de su ciudad frente al asesinato en Dallas de JFK. Su jefe decidió dejar el tema y no publicar nada al respecto. Cómo contar que el pueblo no lloraba por su presidente.

A la mañana siguiente Talese compró nada más levantarse el Herald Tribune, donde escribía Wolfe, para leer lo qué había escrito este en torno a lo que ambos pudieron ver y sentir la tarde anterior en su ronda conjunta por las calles. Después de mirar el diario de cabo a rabo no fue capaz de encontrar nada publicado por Wolfe con respecto a las reacciones de la gente. Ambos habían llegado a la misma conclusión y a la misma vía muerta.

Dos periodistas, dos de los grandes, vivieron una historia conjunta y paralela de la que no ha quedado rastro impreso pero que constata, basándonos en lo que cuenta Talese en su entrevista, que la ciudad de Nueva York, y con seguridad otras muchas por todo Estados Unidos, vivieron la muerte de JFK sin grandes cambios, emociones o hechos reseñables. Desde mi punto de vista, es un aspecto sobre el que reflexionar. El día del asesinato de JFK fue un día para la historia y se han escrito miles y miles de líneas al respecto, pero nada había que contar sobre la gente corriente, sobre sus reacciones. Sus vidas continuaron sin cambios.